Una hermana se encargó de dar lustre al trono. Su labor era solo sacarle brillo a la plata, pero ella voluntariamente, decidió usar limpia plata e ir limpiando pieza a pieza.
Quizá cuando uno de los hermanos vio el trono, este no brillaba lo suficiente, pero tras sacarle este hermano brillo, poco tiempo y sin mucho esfuerzo, el trono quedó reluciente.
Tras eso, se pegaron en el trono todas las piezas de plata que se habían despegado y el trono quedó, más bello y brillante que la primera vez que salió a la calle.
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